Walleet

Por qué usar Walleet

Casi todas las aplicaciones de finanzas personales empiezan pidiéndote las claves del banco. Walleet no lo hace nunca. Los saldos los escribes tú, con la frecuencia que quieras, y la aplicación se encarga de lo que de verdad cuesta: convertir una docena de cuentas en cinco monedas en una sola cifra que puedas seguir.

Ese es todo el producto. Y conviene decir con claridad qué incluye y qué no, porque justamente esa diferencia es el motivo para elegirlo.

Qué hace

Registra saldos en cualquier moneda. Una cuenta es un nombre, una moneda y un número. Añade la cuenta corriente, el ahorro, una cuenta de valores, el efectivo del cajón, una cartera de criptomonedas. Cada una puede estar en una moneda distinta, y Walleet las convierte todas a aquella en la que tú piensas.

Guarda el historial. Cada vez que guardas los saldos se crea una entrada con fecha. El gráfico se construye con esas entradas, así que un año de seguimiento es un año de tu patrimonio real, no una proyección.

Convierte al cambio del día. Un saldo anotado en marzo se convierte al cambio de marzo, no al de hoy. Importa más de lo que parece: es la diferencia entre un gráfico que muestra lo que pasó y otro que reescribe tu historia cada vez que se mueve una divisa.

Separa lo que ahorraste de lo que hizo el mercado. Cuando el total sube, Walleet divide el cambio en la parte que aportaste tú y la que vino del movimiento de los tipos de cambio. Un mes en el que ahorraste con constancia y aun así retrocediste es una historia de divisas, y deberías poder verlo.

Agrupa las cuentas como tú las piensas. Por entidad, y por grupo cuando una misma marca opera con varias: una cuenta personal y una de empresa en el mismo banco se leen como una sola cosa.

No se limita a las monedas nacionales. Bitcoin, Ether y las principales criptomonedas se valoran junto a las divisas, con la precisión que realmente necesitan. Un satoshi no se redondea a cero.

Qué no hace

No se conecta a tu banco. No hay agregador, ni lectura de tu banca en línea, ni consentimiento OAuth con la entidad. Nada que se rompa cuando el banco cambie su pantalla de acceso, y ningún tercero con acceso a tu cuenta.

No ve tus movimientos. Walleet no sabe en qué gastas, porque nunca recibe una transacción. No hay lista de gastos, ni categorías de comercios, ni «este mes has gastado un 14 % más en restaurantes». La aplicación sabe cuánto tenían tus cuentas los días que se lo dijiste, y nada más.

No hace presupuestos. No hay sobres, ni límites mensuales, ni avisos cuando te pasas de una categoría. Eso son funciones de transacciones, y aquí no hay transacciones.

No da consejos. Ninguna recomendación, ninguna puntuación de riesgo, ninguna sugerencia sobre qué hacer con tu dinero. Te enseña tus números.

Por qué lo manual es lo bueno

Escribir los saldos a mano parece un paso atrás hasta que ves fallar la alternativa.

Las conexiones bancarias se rompen. Un cambio de contraseña, un nuevo flujo de consentimiento, un agregador que pierde una integración: la cuenta deja de actualizarse en silencio, normalmente sin avisar, lo que es peor que no tenerla. Cualquiera que haya usado un agregador más de un año ha tenido una cuenta desactualizada envenenando su total sin darse cuenta.

El seguimiento de transacciones exige una constancia que casi nadie sostiene. Categorizar cada compra funciona en enero y se abandona en marzo, y un sistema abandonado no dice nada.

Los saldos son distintos. Son unos ocho números, existen los anotes o no, y copiarlos lleva unos dos minutos. Hazlo una vez al mes y al cabo de un año tendrás algo realmente útil: una imagen honesta de si tu patrimonio sube.

Lo manual es además una postura sobre privacidad. Walleet no puede filtrar datos de transacciones que nunca tuvo, ni perder unas credenciales bancarias que nunca le diste.

La única excepción, y es opcional

Una cuenta puede vincularse a una fuente que lea su saldo. Hoy eso significa una cosa: una dirección de Bitcoin, leída a través de un explorador de bloques público.

Aun así, una lectura no es un saldo. El número aparece junto a la casilla como sugerencia y entra en tu historial solo cuando lo guardas tú. Nada escribe en tus registros sin ti.

Si lo configuras, la dirección que introduces se envía a un explorador de bloques público para poder leerla: ese tercero conoce la dirección y ve todo lo que el registro público ya dice de ella. Está escrito con todas las letras en la política de privacidad, no escondido. Puedes desvincularla cuando quieras y los saldos que anotaste se quedan.

Cómo empezar

  1. Crea una cuenta. Un correo y una contraseña.
  2. Añade tus cuentas. Nombre, moneda y qué banco o bróker la mantiene. El plan gratuito cubre dos; el de pago, las que quieras.
  3. Introduce los saldos. Una pantalla, una casilla por cuenta, los números de hoy.
  4. Vuelve. Una vez al mes basta. El gráfico necesita unos cuantos puntos para decir algo, y al cabo de un año dice bastante.

Puedes elegir la moneda en la que lo ves y cambiarla cuando quieras, y borrar tu cuenta por completo, con treinta días para arrepentirte antes de que se elimine nada.

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